EL DIABLO

Por Gisela de los Ángeles Gómez Meda.


Escuché una historia por la radio hace tiempo. No recuerdo quién la contó ni de dónde proviene;
pero me gustó y llamó mi atención de tal forma que, meses después, viajando a más de 100 por la
Maxipista a México, de madrugada y bajo el estrellado cielo invernal, empecé a recordarla. Y de algún
modo, será por el frio que se colaba por las ventanillas, seá por el efecto extraño de la luz de los faros
violando la oscuridad que me rodeaba, o será por ese cielo estrellado tan enigmático, esa historia se
entretejió con mis sueños, robándoles la vida y la certeza de haber sucedido. Y me dejó una sensación de
tristeza que a la fecha perdura...
Hace mucho tiempo, infinitos años después de crear el universo conocido, Dios, con
toda su sabiduría y su amor, creó al Hombre. Y en el cielo, rodeado de sus ángeles y arcángeles
de todos tipos, Dios se los dió a conocer.
-Este es el Hombre -dijo-. Lo he creado a imagen y semejanza mía. Y lo amo -agregó-.
Les ordeno ayudarlo, protegerlo y sobre todo amarlo y enseñarlo para que cada día crezca y sea
mejor.
Todos los ángeles se acercaron a ver esa criatura frágil, recién creada. Y la amaron
porque esa era la voluuntad de Dios. Todos, excepto el arcángel que más quería al Señor. Todos,
excepto el hermoso y luminoso Luzbel. Mientras los ángeles se retiraban a cumplir lo mandado,
Luzbel permaneció postrado ante el Creador de Todo. Afligido, enamorado, dijo:
-Señor, mi amor eterno y entero es para ti. Pasarán eras y eones y no cambiará. te amo,
Señor y no puedo amar a nadie más. Por favor, no me pidas que quiera al Hombre, porque no
compartiré mi amor por Ti con él.
Y Dios, profundamente triste, deseando convencer a su bello ángel amado, le pidió:
-Por el amor que me tienes, puedes querer a esta criatura mía a la que tanto amo- Y
Luzbel, incapaz de cumplir ese particular deseo de su Amado,se encogió negándose a seprarse de
Él. Viéndose desobedecido, Dios le dio la espalda rechazándolo, mientras los demás arcángeles
se arrojaban sobre Luzbel y se lo llevaban, apartándolode la presencia divina.
El ángel más bello, el que más amaba a Dios, pasaría entonces la eternidad sufriendo
indecible e infinito castigo: ser rechazado por la persona a la que más amaba, y no poder ni
siquiera estar cerca de Él.
Todo el amor que sentía por su Amado fue inútil cuando no pudo compartirlo.
El viaje se me hizo corto mientras pensaba en un dicho que mi mamá repetía a veces: “Quién
quiere la col, quiere a las hojitas de alrededor”.
Me gusta pensar que algún día, al final de los tiempos, el ángel amado volverá a reunirse con su
Señor. Me gusta pensar eso cuando todos duermen y el insomnio me ataca, llevándome otra vez de viaje
por la solitaria carretera, corriendo a más de 100 bajo la madrugada estrellada... creo que puedo sentir la
tristeza del ángel en cada una de esas lucecitas parpadeantes.

Lázaro Cárdenas, Michoacán, México.

Febrero de 1997.


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gomerem@hotmail.com


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