Septiembre 12, 2003

Al Lic. Vicente Fox Quesada, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

A México. A todos

Yo soy uno de los que votó por Usted. Y no fue pensando en su persona, ni en sus deseos ni en su capacidad, ahora tan cuestionada. Fue movido por razones de dignidad. Por estar harto de un sistema en el cual la desvergüenza y la corrupción habían alcanzado niveles intolerables. Por estar cierto de que esa podredumbre tarde o temprano permearía a todos los niveles de la sociedad, asentando para siempre entre nosotros la cultura del cochupo y la tranza. Por estar cansado de pagar la holgazanería y la estupidez del aparato gubernamental; la prepotencia de sus cuerpos policíacos y de seguridad, llenos de asesinos y narcotraficantes; Por detener la inmensa codicia y venalidad de la mayoría de los banqueros y empresarios; Por saber lo que todos sabemos, pero nos negamos a combatir: que en esta sociedad mexicana, la complicidad es más necesaria que la virtud.

Si Usted cree que sus habilidades o su pretendido carisma hicieron posible la concurrencia de muchos mexicanos para resultar elegido, esta totalmente equivocado, quizá tanto como nosotros al pensar que bastaría ejercer el poder del voto para iniciar el cambio en un sistema tan corrompido como el nuestro.

Yo voté en contra de un grupo de criminales que nos había sumido en la miseria, cargándonos con deudas injustas e impagables, gracias a los viles oficios de diputados y senadores, a favor, claro está, de un puñado de banqueros y empresarios ladrones.

Yo voté en contra de una mafia sindical irredimible, para intentar detener el avance de esa plaga inmunda que se llama sindicalismo corporativo, donde pululan los parásitos y los asesinos.

Y hasta el día de hoy, ese voto ha resultado ser inútil.

Porque lo innegable ahora es que para los cínicos y criminales que conforman nuestras instituciones, que de honorables han demostrado no tener nada, LA PATRIA NO ES PRIMERO.

Y es así que esta Patria, para nosotros tan preciada, no es primero para los diputados y senadores priístas, electos por la masa cómplice, quienes no pararon mientes en echar mano de todas las trampas necesarias para proteger a los malandrines como Ricardo Aldana y Carlos Romero Deschamps, ejemplos vergonzosos de lo que es un legislador en tierra mexicana. Tampoco es primero para los miembros de Acción Nacional que demostraron una vez más su camaleónica habilidad para navegar entre acuerdos cuestionables y siempre deshonrosos. Mucho menos para los partidos de membresía muy particular, convertidos en negocios personales, cuya misión principal es ser económicamente productivos para sus propietarios. Entre la bajeza que llena ambas Cámaras, muy pocos se salvan.

La Patria no fue primero para los diputados salientes que se asignaron un bono inmerecido, después de hacer tan poco por un país que necesitaba tanto. Esa desvergüenza, con excepción de uno solo, que demostró tener una dignidad excepcional, manchará siempre el nombre de quienes se favorecieron.

La Patria no ha sido primero para los parásitos anquilosados en la estructura gubernamental. En todo el territorio nacional, no existe una sola dependencia, una sola, que esté libre de ese cáncer que representan los burócratas inútiles. Y después de nuestro intento tan inocente, tan esperanzado del año 2000, todavía siguen ahí, haciendo daño.

La Patria no será nunca primero para otros parásitos de la política, los plurinominales, que se perpetúan brincando de una diputación a una senaduría y viceversa, libando de nuestro esfuerzo, cebándose de nuestros cada vez más escasos recursos, e interponiéndose entre todo lo que signifique beneficio para la población. Y ahí están los Emilio Chuayffet, los Enrique Jackson, los Manuel Barttlet, los Alfredo del Mazo y digo "los" porque los de su calaña se multiplican siempre.

La Patria no es desde luego primero para los legisladores y funcionarios que se valen de su posición para lucrar con terceros, y a pesar de la palabrería insulsa de Fernandez de Cevallos, y a los clamores de inocencia de todos en general, ¿quien no ha escuchado al menos una historia de tráfico de influencias o como diríamos nosotros, del accionar de " palancas"?

Enunciar las actitudes y acciones que se convierten en una cotidiana traición a la Patria tomaría decenas de cuartillas. Enumerar a los principales actores solo toma un par de líneas: Los legisladores indignos, los sindicalistas infames, los funcionarios corruptos, los banqueros ladrones, los empresarios tramposos, los ciudadanos cómplices. A esta lista, de la que pocas veces hay retorno, se suman muchos miles cada día. Yo ahora le hago la pregunta que a diario me dirijo para evitar caer en lo mismo:

¿Usted también está en ella?

Un sistema tan corrupto como el priísta no podría haberse mantenido sin crear una cadena enorme de complicidad, que incluye gente de otros partidos y sectores. En ella sobreviven cientos de miles de deshonestos y oportunistas. Del otro lado estamos los ciudadanos que preferimos el trabajo a la tranza; que creemos una obligación batallar para no dejar en la indefensión a nuestros hijos; que nos negamos a educar a las nuevas generaciones con la premisa de chingar antes de que te chinguen, y antes bien, les insistimos en que las hordas no siempre tienen la razón. Estamos nosotros, los pocos, que deseamos que ellos, los niños que ya están aquí, hagan uso de la inteligencia mas que de la astucia; de la virtud más que de la complicidad; de la franqueza más que del engaño; en fin, que si tienen que tomar partido, lo hagan por el bien común, que puede beneficiarles a ellos, en lugar del bien partidista, que solo beneficia a unos cuantos, y cuando no lo creen, les mostramos el ejemplo de la actual Cámara de Diputados, donde casi todos responden a los intereses bastardos de su partido, antes que los de la Nación.

Y la Nación, señor presidente, somos nosotros. No los facinerosos que la saquean. No los cínicos que la traicionan a la par que se sirven de ella mientras se aprovechan de nuestra ( hasta ahora) pasividad. No los que, habiendo obtenido su botín, están listos a abandonarla para largarse a Miami o a otro paraíso extranjero encubridor de ladrones. Nosotros nos quedamos. Nosotros no nos vamos a ir. Y aunque no somos mayoría, cada vez estamos más decididos a hacer algo que detenga este latrocinio. Y Usted, señor Presidente, ¿a qué está dispuesto? Cuando toma partido, ¿por quien lo hace?.

Yo, que voté por Usted y aplaudí cuando Usted, por voluntad propia, se hizo cargo de la responsabilidad de ser y actuar como primer mandatario, puedo afirmarle que para mí, la Patria sí es primero. Y nunca como negocio o como botín. La Patria es mi familia, mi sentido de pertenencia, el futuro posible para mis hijos. El lugar de mi único hogar. La comunidad con la que convivo y la única razón para sostenerse en la lucha diaria y la esperanza.

Esta visto que para los miserables nombrados anteriormente la Patria no es nada de eso. ¿Qué hay de Usted, señor Presidente? ¿ para Usted la Patria es primero? ¿o es para Usted también, la complicidad más necesaria que la virtud?.

De los acontecimientos actuales se desprende la necesidad de tomar posturas. Lo demás no importa, sino el compromiso personal, el de Usted y el mío. Yo definitivamente no estoy con los traidores. Y así como yo hay muchos más, todavía. Somos los que respondimos a su convocatoria en el 2000. Los mismos que hoy esperan, por supuesto, que Usted también responda.

Ricardo Simental Zapata

Alianza Cívica de todos para todos

ricardosimental@alianzacivica.org

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